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Vuelta de vacaciones con tu perro

25 ago
4 min de lectura

Las vacaciones te han hecho ver los problemas con tu perro que durante el año podías evitar



Las vacaciones deberían ser uno de esos momentos en los que más disfrutas de tu perro.

Más tiempo juntos. Paseos diferentes. Viajes. Terrazas. Campo. Playa. Familia.

Pero para muchas familias ocurre justo lo contrario.


Es cuando descubren que salir con su perro implica organizarlo todo alrededor de él.


  1. Que no pueden sentarse tranquilamente en una terraza.

  2. Que cada vez que aparece otro perro hay que ponerse en alerta.

  3. Que soltarlo da miedo porque no saben si volverá.

  4. Que dejarlo solo unas horas puede acabar en ladridos, destrozos o una llamada del alojamiento.

  5. O que algo tan sencillo como pasear por un lugar nuevo se convierte en una lucha constante con la correa.


Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿Vamos a tener que vivir siempre así?


Quizá este verano hayas vivido alguna de estas situaciones a tu Vuelta de vacaciones con tu perro


1. Cada paseo ha sido una situación de tensión


Cambias de entorno y aparecen más estímulos a tu Vuelta de vacaciones con tu perro: perros desconocidos, personas, niños, bicicletas, ruidos...

Tu perro ladra, tira, se lanza o resulta muy difícil de gestionar.

Y terminas anticipándote constantemente:

“Como aparezca otro perro, ya verás...”

El paseo deja de ser un momento para disfrutar juntos y se convierte en algo que quieres terminar cuanto antes.


2. Habéis dejado de hacer planes porque estaba el perro


Una terraza demasiado llena.

Un restaurante al que finalmente no vais.

Una excursión que descartáis.

Un hotel que no sabéis cómo gestionar.

Una visita familiar en la que alguien termina diciendo:

“¿Puedes sujetar al perro?”

Poco a poco empiezas a elegir los planes no pensando en qué os apetece hacer, sino en qué podéis hacer sin tener problemas con él.


3. Te has dado cuenta de que no puedes soltarlo con tranquilidad


En el campo o en la playa parecía el momento perfecto.

Hasta que apareció la duda: “¿Y si lo suelto y no vuelve?”

La llamada funciona cuando no sucede nada interesante.

Pero aparece otro perro, una persona, un olor o cualquier estímulo y parece que has dejado de existir.

Por seguridad acabas manteniéndolo atado.

No porque quieras.

Porque no confías todavía en poder gestionar la situación.


4. Con otros perros aparecen los problemas


Las vacaciones multiplican los encuentros.

Perros en terrazas, paseos, playas, alojamientos o casas de familiares.

Y quizá hayas descubierto que tu perro no sabe gestionar esos encuentros como pensabas.

  • Se excita demasiado.

  • Ladra.

  • Se bloquea.

  • Se lanza.

  • O simplemente no consigue relajarse mientras hay otro perro cerca.

No siempre se trata de que tu perro “sea malo” o “no sea sociable”.

Hay que entender qué está ocurriendo y aprender a manejarlo.


5. Ha sido imposible conseguir que se tranquilice


Llegáis a un alojamiento nuevo y no para.

Visitas en casa y salta continuamente.

Os sentáis en una terraza y está pendiente de todo menos de vosotros.

Parece que necesita estar permanentemente haciendo algo.

Y cuanto más intentáis cansarlo, más difícil resulta que baje revoluciones.

Saber estar tranquilo también forma parte de la educación de un perro.


6. Dejarlo solo se ha convertido en un problema


Durante las vacaciones habéis pasado prácticamente todo el día juntos.

Ahora llega septiembre.

Vuelve el trabajo.

Vuelve el colegio.

Vuelven las horas en las que la casa se queda vacía.

Y algunos perros no gestionan bien ese cambio.

Ladridos.

Inquietud.

Destrozos.

Conductas que antes no existían o que durante las vacaciones habían quedado ocultas porque prácticamente nunca estaba solo.

Si esto ocurre, limitarse a esperar que “se acostumbre” no siempre resuelve el problema.


Las vacaciones probablemente no hayan creado estos problemas


En muchos casos simplemente los han puesto delante de vosotros.

Durante el resto del año podemos adaptar nuestra vida.

Elegimos determinados horarios para pasear.

Evitamos ciertos parques.

No soltamos al perro.

Dejamos de llevarlo a determinados lugares.

Pedimos a alguien que se quede con él.

Y poco a poco normalizamos esas renuncias.

Hasta que un viaje, unas vacaciones o un cambio de rutina hacen evidente algo:

no estamos disfrutando de nuestro perro como nos gustaría.

Y eso no significa que hayas fracasado educándolo.

Significa que hay situaciones que todavía no sabes cómo gestionar.


Septiembre puede ser volver a lo mismo… o empezar a cambiarlo


En Adiestramientoconsentido no trabajamos únicamente para que un perro aprenda órdenes.

Trabajamos con la familia.

Analizamos qué está ocurriendo entre el perro, las personas y el entorno, y te enseñamos a entenderlo y a gestionarlo.

Porque nuestro objetivo no es que tu perro se comporte únicamente cuando está delante el educador.

Es que tú sepas qué hacer cuando el educador no está.

Que puedas pasear con tranquilidad.

Que entiendas cómo anticiparte a determinadas situaciones.

Que puedas darle libertad con seguridad cuando sea posible.

Que recuperéis planes que habíais dejado de hacer.

Y, sobre todo, que vuelvas a disfrutar de convivir con tu perro.


¿Te has reconocido en alguna de estas situaciones?


No necesitas esperar a las próximas vacaciones para comprobar si el problema sigue ahí.

Podemos analizar vuestro caso y saber qué está ocurriendo realmente.

Reserva una valoración y cuéntanos qué ha pasado este verano.

Te ayudaremos a entender qué necesita vuestro perro y qué podéis empezar a cambiar como familia.


 
 
 

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